
Más allá de Copenhague, The New York Times, US - 12/07/2009 *
Nadie debería esperar un acuerdo salvador para el planeta como resultado de las negociaciones que esta semana empiezan en Copenhague, tendentes a reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Pero estas conversaciones estaban en peligro no hace tanto. Ahora existe una buena oportunidad para alcanzar en última instancia un pacto provisional, sobre todo porque los Estados Unidos y China, los dos mayores emisores del mundo, han prometido reducir o ralentizar sus emisiones y sus dos líderes han estado de acuerdo en asistir al encuentro. Un acuerdo provisional supondría el gran pacto pendiente para el presidente Obama que tendría que empezar por llevar al Congreso los compromisos que está adquiriendo para que fueran debatidos. Obama ha propuesto un modesto recorte del 17 por ciento en los próximos diez años y recortes más agresivos en los otros diez años. La promesa del primer ministro Wen Jiabao´s de reducir el crecimiento de las emisiones chinas es considerablemente menos ambiciosa puesto que las medidas de eficiencia energética que China ha implementado ya deberían conseguir este objetivo por sí mismas
Sin embargo, ningún país había ofrecido objetivos específicos con anterioridad. Sus voluntades de hacerlo ahora en 11 horas podrían bastar para persuadir a los otros 190 países presentes en Copenhague a dar el primer paso en lo que ahora es visto como un proceso en dos etapas. La primera empezaría con un acuerdo político no vinculante para reducir las emisiones y ayudar a los países en desarrollo. A continuación vendría un acuerdo legal el próximo año con objetivos firmes, mecanismos de refuerzo y cantidades específicas de dólares para los países pobres. En otras palabras, la resistencia se mantiene. Copenhague versa sobre actitudes y aspiraciones. Y ahí puede que ho llegue a haber un desenlace si falta el liderazgo de Estados Unidos, sólo seguido por China en el total de emisiones y el mayor emisor, con diferencia, en términos de emisiones per cápita.
Las reducciones propuestas por el presidente Obama están en línea con el proyecto de ley que aprobó la Casa Blanca el pasado verano. Un comité del Senado ha aprobado una medida mayor que aspira a una reducción del 20 por ciento en la década que viene y un 83 por ciento a mediados del siglo. Pero su aprobación no es segura. Existen profundas dudas entre los demócratas representantes de estados con industrias de energía intensiva. Alcanzar los 60 votos va a requerir de toda la capacidad de persuasión de Obama y un verdadero impulso por los habitualmente pasivos líderes demócratas del senado. Los retos en el frente extranjero no son menos formidables. El consenso entre los más importantes científcos dice que el mundo debería cortar sus emisiones a mediados de siglo. Los países ricos no pueden hacerlo solos. Incluso si recortasen sus emisiones en un 80 por ciento a mediados de siglo – un objetivo ratificado por el grupo de los 8 países más industrializados – el planeta quedaría lejos de su objetivo, a menos que los países en desarrollo se sumasen. Brasil, Indonesia e India han puesto sus ofertas sobre la mesa; otros se agregarán, ahora que China ha aceptado actuar. Pero la división entre naciones ricas y en desarrollo, obviando a los países muy pobres, sigue siendo muy grande. El progreso futuro dependerá de cómo muchos de estos países -que ya han probado los beneficios de la industrialización y contribuído al calentamiento global– intenten contribuir para ayudar a otros a adaptarse al cambio climático y a reducir sus emisiones. Brasil, por ejemplo, ha dicho que va a proteger sus selvas de la tala y quema sólo si los países ricos “pagan el precio”.
Los líderes europeos han instado a que se cree con urgencia un fondo global de ayuda para el clima, con una contribución anual mínima de 10 billones de dólares. La Casa Blanca anunció la semana pasada que pagará su parte proporcional. Estas son buenas noticias. Pero de nuevo, también para ésto el presidente necesitará del apoyo del Congreso. Tiene por delande un duro trabajo para sellar un pacto amplio.
* artículo enviado por Ignacio Covelo y traducido por Llerena Perozo. Gracias a los dos.


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